viernes, 10 de febrero de 2017

El gran banquete.


Al momento de enamorarse, se prometieron uno alimentar al otro, sustentar al otro.
Y hablaron del gran banquete que se darían uno al otro.
Pero llegada la hora de comida, las raciones no eran iguales.
En que cada momento de comer, las raciones evidentemente desiguales, ella, traía medio vaso de agua y una porción de pan duro. El llevaba sus mejores intenciones hechas bocados.

Cuando él le dijo acerca de la diferencia de banquetes, ella no acciono si no reacciono de que
conseguir comida no tan fácil para ella, y que con lo que ella traía a la mesa, le bastaria, y que a él le debera bastar lo mismo.

No quiso discutir y por amor, le dio la probabilidad de que tuviera razón y trato de que se bastase con lo suficiente para ella y poco para él.
Se volvió famélico. Melancólico miraba el otro lado de la mesa, y como de hecho ella tenía razón, pues le bastaba muy poco y de lo que el ofrecía, apenas ella lo tocaba.
Luego miraba su propio plato de ella para él -cada vez menos.

si ella le hubiera seguido platicando, como cuando se conocieron, de los grandes banquetes que prometía, pudiera ejercer su imaginación y transformar lo poquito en mucho con su imaginación.
Pero aun a eso se rehusaba ella.

Llego la cólera, y eso solo agravo la situación, no recibió menos, si no nada. Repercusión según ella de su ingratitud.
La desnutrición había drenado su voluntad, para exigir lo justo.
Trato de disminuir la porción que el traía a la mesa. Para hacerla sentir lo que el sentía.
Pero no podía mucho, la comida se echaba a perder debajo de su porción de la mesa.
La podredumbre de lo que retenía solo lo hacía más miserable. y miserable por descubrise pretendiendo ser egoista.
Entonces entendió, como ella se sentía y entendió como el se sentía, porque en otros banquetes anteriores el había estado del lado donde esta ella sentada.
a sus otras parejas comensales les había hecho lo mismo.
lo colmaron de manjares, lo abrumaron que se desintereso, y les perdió el sabor a lo que traían.
Se sentía a la vez, merecedor de su suerte por lo que había hecho antes, e indigno del mal trato por lo que hacía ahora.
Se comió su orgullo de la tentativa de levantarse de la mesa y se quedó mirando como lo bueno que ofrecía no era apetecible para alguien que no le interesaba para nada dar sustento ni que la sustentaran.

Se quedó porque se sentía igual que sus anteriores parejas comensales pero quería a la vez demostrarse superior a ellas. Se quedó por el recuerdo de la promesa del gran banquete era lo único que le quedaba. No tenia ya orgullo que comer, eso también se lo dio de porcion a ella, y ella como todo lo que estaba sobre la mesa, también lo hizo a un lado.